03 Apr 2008
El poder de los programas mentales
Ayer fue primero de abril, y mucha gente estuve haciendo algo “muy creativo”: inventando noticias falsas para divertir sus audiencias.
Contrariando esa tendencia general, resolví escribir sobre algo extremadamente personal (aunque pueda generalizar el suficiente), que no tiene cómo ser confundido con ningún chiste de primero de abril.
En la verdad la idea para este texto nació en un pasillo de supermercado, más específicamente lo de los achocolatados. Yo estaba indeciso entre comprar Toddy Nescau. La indecisión se resolvió cuando yo pregunté a mí aún cual de los dos yo prefería, de cuál yo me gustaba más. Y Toddy venció.
Acontece que yo detesto Nescau, nunca me gustó, pero sólo recientemente yo pasé a comprar Toddy, no sin tener ese stress de mí conmigo aún cada ida al supermercado. Y esto por un único motivo: cuando yo vivía con mis padres ellos sólo compraban Nescau, *Toddy nunca entraba en nuestra casa.
Pero, yo salí de la casa de mis padres a los 14 años de edad, y desde entonces yo me sostengo, no dependo más de ellos para nada, y racionalmente hablando no había el más pequeño motivo siquiera para yo tener dudas sobre cuál achocolatado comprar, si sólo uno de los dos me agrada. En otras palabras, hace 21 años que mi padre “no manda en mí”.
Comenté sobre ese asunto con algunas personas, nosotros reímos risadas de la situación en que yo aún me coloqué, y algunas reflexiones surgieron. Los más bravos contaron de situaciones que ellos mismos crean para perpetuar algún comportamiento aprendido en la familia, sin ni al menos parar para pensar si tal comportamiento tiene sentido o no.
Así como yo quedaba en la duda en una cosa tola cómo escoger el achocolatado, es posible que muchas elecciones mías queden perjudicadas por cuenta de programas que ruedan en el piloto automático dentro de la mente.
Y usted? Tiene algún caso así para contar? Algo que usted hacía sin gustar, y ni darse cuenta de que no me gustaba, por puro automatismo? Los comentarios son suyos.





